Hace cosa de 1 mes se publicaba en La Contra de La Vanguardia una entrevista a Kevin Warwick que me dejaba atónita. Para quien, como yo, no tenga ni idea de quien ese hombre os puedo decir, sencillamente, que se trata de un ingeniero biomédico que se ha realizado varios implantes en su cuerpo. Este hombre ha sido capaz de controlar su domotizada vivienda con su simple presencia.
No sé si esto me asusta o me genera curiosidad porque, como decía Julio Verne, lo que me pasa por la cabeza es que todo lo que una persona puede imaginar otras pueden hacerlo realidad. ¿Todo? Definitivamente, creo que lo que me genera es más bien miedo.
Y digo yo, ¿Cómo hay gente capaz, con cien electrodos en el cerebro, de que su pensamiento controle una mano robótica a 5.000 km de distancia cuando no somos capaces de sacar una vacuna efectiva contra el cáncer o el sida, por poner sólo un ejemplo? Con estas cosas me sucede lo de siempre, empiezo a dudar de la bondad de la naturaleza humana y a cuestionar cualquier cosa que se plante ante mis sentidos (a la mierda la política, los laboratorios farmacéuticos, las instituciones sociales,… No me creo nada!!!!) ¿Si los individuos individualmente pueden mover montañas porque los colectivos colectivamente no lo hacen? Está claro que detrás de todo están los intereses económicos, para variar un poco.
En fin, no sé si lo provocó Kevin Warwick, el Club Wildelberg, los sistemas políticos, mis propios genes o qué pero a veces me resulta difícil no caer en bucles mentales, espirales, en las que me planteo cientos de preguntas sin una única respuesta. En fin… ¿Vamos demasiado deprisa o somos lentos de narices?
Mengulas Sepeninggalan John Lennon
Hace 9 años
